La experiencia de montar un grupo de crianza…

Pescallunes es como nuestro hijo colectivo…

Una empezó pensando en hacerlo, a varias les había rozado la idea, l@s demás se dejaron llevar y se apuntaron al carro.

En diciembre 2014 nos vimos por 1ª vez unas cinco madres con bebés (las más grandes ya gateaban y el más pequeño era poco más que un recién nacido) en L’hora lliure en Gracia. Alrededor de un rooibos y un trozo de pastel, en medio de un jaleo de tambores, gritos y llantos, charlamos un rato y ahí se decidió concretar el proyecto. Así fue la concepción, un momento agradable aunque confuso.

Luego fueron 9 largos meses de gestación para finalmente dar a luz en septiembre de 2015.

Ahora nos queda acompañarlo en su crecimiento y desarrollo…

Somos un grupo que junta varias nacionalidades y orígenes, con necesidades diferentes, un enfoque de la vida que es proprio a cada un@ y recorridos específicos. Nos conocimos en un grupo de pre-parto, yendo al mismo grupo Pell amb Pell en COS para compartir problemáticas de lactancia y de post-parto, en la cooperativa de consumo, por anuncios colgados en el barrio y por internet.

Esta variedad es muy enriquecedora y vamos conociéndonos cada día más, con todo lo positivo que aporta cada un@ y sus pequeñas manías y cuelgues también.

Lo importante es el cariño que nos tenemos y con él que nos tratamos. Porque tod@s somos diferentes y tod@s podemos flaquear, pero siempre se aprende y crecemos junt@s para sacar adelante ese proyecto que tanta ilusión nos hace.

No existe LA manera de montar un grupo de crianza, existen 1001, y depende quien lo integra se construye con dinámicas diferentes.

Nosotr@s tenemos cierto nivel de exigencia, queremos tener las cosas bien organizadas y controladas, un pelín demasiado a veces…

Hemos dejado poco espacio a la casualidad y a los imprevistos aunque siempre se cuelen…

Vimos que en cuanto te pones surgen preguntas, dudas, interrogantes de cualquier cosa digas. “cuando coman” ¿Qué comer?, “el/la educador/a” ¿Qué tipo de educación y qué educadora?, “cuando l@s llevemos” ¿Qué horarios? ¿Dónde? ¿Qué ratio adult@s / niñ@s? ¿Qué precios? ¿Qué compromiso? ¿Hasta cuándo?…

Así que empezamos haciendo listas de cosas que nos parecían importantes, y constatamos que nos hacían falta comisiones para dividirnos el curro…

Buscar experiencias para tomar ejemplos y evitar errores, situación legal de los grupos de crianza, tipos de educación que nos interesaban, lecturas relevantes para ir haciéndose una idea, un local barato con obra o más carro y listo para entrar, una educadora que tenga experiencia, o no, que siga líneas educativas específicas o sencillamente con la que haya un buen feeling…

Habían tantas opciones, tantas ideas, tanto para investigar que nos costó definir hacia dónde tirar.

Coincidimos en tomar las decisiones por consenso. Esto se merecería un texto aparte, pero pensamos que si se vota siempre hay una parte de l@s integrantes del proyecto que no tienen voz y no son tomados en consideración. El consenso cuesta, a veces, más de lograr, pero el debate que se genera para ello es lo que nos permite conocernos mejor y acabar siendo una entidad pensante que late al unísono.

Entre todo lo que había que planear y lo que nos costaba centrarnos, pensábamos hacer una reunión cada 15 días, acabamos haciendo 3 por semana.

En realidad nos lo pasábamos muy bien, siempre había buena comida, fruta, pasteles, experimentos culinarios (¡muy logrados!), infusiones, zumos, un rato para compartir ideas y preocupaciones similares mientras jugaban l@s peques. Pero también fue duro y hubieron momentos estresantes y agotadores.

Cuando llegó mayo, luego junio y que seguíamos sin educadora y sin local, haciendo entrevistas a personas que nos parecían super competentes, visitando todos los locales más ruinosos del barrio y haciendo demasiadas asambleas nos empezamos a tensar bastante. Casi cundió el pánico cuando, llegado julio, todavía nos faltaba el espacio y 2 familias para ser 10 y ser viables…

En paralelo, era una alegría ver como l@s niñ@s iban cogiendo siempre más confianza entre ell@s y con las mamás, nos ayudaba a visualizar que “eso ya está en marcha y ya funciona”.

Pero también tuvimos momentos tristes. Tres familias bajaron del tren, porque la vida te lleva por caminos distintos y las necesidades cambian. Todas dejaron su huella en el proyecto, les debemos mucho y las echamos a faltar.

Lo bueno es que aprendimos mucho en el proceso y que cuando se encuentran l@s peques se nota que compartieron mucho tiempo junt@s y se acuerdan un@s de otr@s.

Nunca hubiera pensado que suponía semejante cantidad de trabajo, tiempo, energía e implicación emocional montar un grupo de crianza. Es un planteamiento de vida diferente, y todo lo que tiene relación con las criaturas toma tiempo y genera procesos más complejos de lo que parecía iban a ser en un principio.

No me arrepiento en absoluto. Ver funcionar Pescallunes, sentir que este proyecto es mío (tanto como de tod@s l@s demás), que estoy aquí como en mi casa, la confianza que nos tenemos (adult@s y niñ@s), ver lo que hemos logrado a nivel de relaciones humanas, de toma de decisiones y de funcionamiento, es un regalo que agradezco cada día que llevo mi hija ahí.

Es una escuela para ella poder descubrir la vida, las cosas, las relaciones y para mi desarrollar la observación para estar lo más cercana a las necesidades que se expresan alrededor mío, generar relaciones harmoniosas y mucho más…

Cada un@ es imprescindible para que Pescallunes sea lo que es.

Gracias a tod@s.

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