EXPRESSIÓ ARTÍSTICA

 

El regalo de la imaginación

La singularidad de la condición humana es que vivimos en un mundo variado de posibilidades creado y sostenido por nuestras experiencias, memorias, imágenes y sueños.

La capacidad de imaginar y soñar despiertos puede considerarse como la más esencial y más humana de nuestras capacidades. Pero la avalancha de imágenes insignificantes, excesivas y accidentales en nuestra cultura aplana el mundo de la imaginación.

La televisión exterioriza y neutraliza imágenes cuando se compara con el imaginario interior que evocamos al leer un libro; las imágenes gratuitas del entretenimiento pretenden imaginar en nuestro lugar. La industria de la imagen extrae imágenes de su contexto histórico, cultural y humano y, de esa forma, “libera” al espectador de toda responsabilidad en emociones o actitudes éticas respecto a lo que se experimenta. Narcotizados por la comunicación en serie, nos vemos preparados para contemplar la más extrema crueldad sin la más mínima implicación emocional. La avalancha de imágenes satura los sentidos y las emociones, suprime la empatía y la imaginación.

El deber de la educación es cultivar y apoyar las capacidades humanas de imaginación y empatía, pero los valores dominantes de la cultura contemporánea tieneden a disuadir la fantasía, a suprimir los sentidos y a petrificar la frontera entre el mundo y el yo.La educación en la creatividad hoy en día debe empezar a cuestionar lo absoluto del mundo y a expandir los límites del ser. El principal objetivo de la educación artística no debe hallarse en los principios da la factura artística, sino en la personalidad de los niños y en su imagen del mundo.

Hoy en día, la idea de una formación sensorial solo se encuentra en la educación artística en sí, pero el refinamiento de los sentidos y del pensamiento sensorial tiene un valor insustituible para todos nosotros en muchos otros ámbitos de la actividad humana. Y digo aún más: la educación de los sentidos y de la imaginación es necesaria para una vida plena y digna.

Fragmento del libro “Habitar” de Juhani Pallasmaa.

 

 

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